Siempre que se escucha esa palabra la gente suele asustarse, asombrarse, incomodarse, indignarse; otros no la comprenden y quieren saber qué significa; muchos no la aceptan o sólo la comprenden como una salida a un sufrimiento extremo. Otros la han aceptado como un hecho irremediable; porque la eutanasia es un mal necesario, y hablo de aquella eutanasia que se realiza en animales, ya que aquí no tratamos sobre seudohumanos, sino de seres más sensibles y dignos de mucho más respeto que nosotros, la lacra "humana".
Significado: Muerte tranquila sin padecimiento, muerte en estado de gracia.






A casi toda las personas que se les habla de la eutanasia, sobre todo en Animales sanos, llenos de vida, se les dibuja un gran signo de interrogación en la cara. Luego no saben qué decir y por último opinan que se tiene que aplicar sólo en casos en que el animal está sufriendo mucho y no hay otra salida. Esto sería lo ideal, en verdad. Sin embargo, ellos ignoran o no desean entender la realidad del gran problema social que es la sobrepoblación de animales domésticos. Menciono sólo a éstos, pero en verdad se tiene que aplicar muchas veces también en animales silvestres ya que muchos están condenados a vivir enjaulados de por vida, siendo objeto de miradas curiosas, como si fueran "bichos raros", víctimas del tráfico y de la gente sin escrúpulos y sobre todo de la gente que no entiende que no son mascotas, sino animales que se valen por sí solos para vivir en su habitat. La rehabilitación en el Perú de animales silvestres es casi nula y hay muchos que tienen tantos traumas físicos y psicológicos que su rehabilitación es imposible. Entonces, ¿para qué condenarlos a una vida indigna o miserable?
Para mí la eutanasia en sí no es la que afecta tanto a los que estamos en favor de la eutanasia, sino son dos cosas que indignan y rompen el corazón. La primera es haber llegado a este punto, el de matar un animal que merece vivir mucho más que tantos seudohumanos que van por ahí violando, asesinando, torturando y sabe Dios cuántas cosas más, sólo porque la gente es totalmente indiferente al problema de la sobrepoblación y, lo que es peor, colabora con él al no esterilizar a su animales. Y la segunda, el animal eutanisado no tiene a nadie que lo quiera en este mundo, está solo. Su soledad es lo que personamente más me afecta.
Phylilis Wright, una estadounidense amante de los animales y quien mantuvo un albergue, dice: "Una vez dormido el animal, no continúo preocupandome por él, pero sí me aflijen demasiado esos animales que tiene que pasar sus vidas encerrados en jaulas, encadenados o abandonados, sin afecto, sin compañía, porque este sentido del compañerismo es lo más importante para ellos. Estar muerto no es una crueldad, estar vivo a medias, sí lo es".
María Eguiluz aka: antitaurina